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PENSAMIENTO ILUSORIO marzo 10, 2008

Posted by Mis[s] Enredados in (Re)flexiones y otras torsiones mentales.
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El mundo va mal, y no lo digo yo, lo dice el mundo, que habla por sí mismo, aunque a veces más le valía callar y escuchar.

No creo en ninguna ley cósmica de retribución, ¿das lo que recibes y recibes lo que das? A estas alturas de la partida empiezo a conocer bastante bien las reglas del juego, o mejor dicho, las no reglas. Ni uno cobra todo el bien hecho, ni uno paga todo el mal hecho. Tramposo, estafador, timador… son sólo algunos de los calificativos con los que podría ser tildado el universo en cualquier vulgar timba por este motivo. Y tan siquiera pienso que dando a cada uno lo que se merece el mundo iría bien. Hay muchos que equiparan el concepto de justicia con el de venganza. Es más, hay muchos que equiparan el concepto de venganza con el de crédito bancario. ¿…? Te devuelvo lo que tú me has dado… más intereses.

Yo soy más de la opinión de “diente por diente y se forrarán los protésicos dentales”. Va a ser que no era así… A lo que voy, a veces hay que dar más que lo que recibes, aunque sigas sin recibir… Y no me refiero a ser generosos repartiendo hostias. Que para eso, y en el más amplio sentido de la palabra hostia, desde tiempos inmemoriales ya hemos tenido a la Iglesia, y a sus guerras justas.

Pobre ilusa diréis. Sí, y así me va, para qué negarlo. Pero hoy menos ilusa que ayer, y mañana menos que hoy… y francamente, me da pena, porque sólo los ilusos tienen el potencial de cambiar el mundo.

A diario vemos casos en que todo el mundo no es capaz de cambiar a un solo hombre, por tanto ¿cómo va un solo hombre a cambiar el mundo? Pero lo que sí es capaz de cambiar el mundo (para mal pero también para bien) es a los niños, los hombres del mañana, esos pobres ilusos, por tanto…

No, no soy tan ilusa como para pensar que los hombres pueden cambiar el mundo… soy tan ilusa como para pensar que los niños pueden cambiar el mundo.

WINDOWS PICTURES PRESENTS… diciembre 28, 2007

Posted by Mis[s] Enredados in (Re)flexiones y otras torsiones mentales.
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Últimamente hay un pensamiento que me asalta en cada esquina, aunque más que con las manos arriba lo que hace es dejarme con el alma a los pies… “Si no era lo suficientemente importante para ti, no haber empezado; si era lo suficientemente importante para ti, no haber terminado.” Blanco o negro, sin gamas, ni dobles tonalidades.

Todos me dicen que las cosas no son tan sencillas de pintar, que debería romper con ésa que me rodea, mi gran pantalla de aislamiento, donde no dejo de proyectar mis ideales clásicos de amor hollywoodiense, que hace años que en el cine, como en las relaciones, el color le tomó el relevo al blanco y negro, y que ahora hay un extraordinario arco iris de matices… “La gente empieza relaciones con personas que no significan mucho; la gente termina relaciones con personas que lo significan todo.”

No digo yo que no lleven parte de razón los partidarios de esta teoría, y supongo que cuando una historia se termina preferimos pensar que aunque no significásemos todo, sí al menos parte, para la otra parte que (valgan las redundancias) nos partió. Será por eso que sigue funcionando el tópico tan típico “no sos vos, soy yo”… Es más, la gilipollas que suscribe estas líneas, ha mal gustado en sus propias carnes este plato que en el menú de hoy les presenta. (Eso me pasa por no hacerme vegetariana.)

Pero al final qué más da quien lleve razón acerca de sus teorías y categorías, y qué más da si a él le importé o no, porque la única realidad es que se terminó, y que ahora ya no hay ni arco iris ni blancas leches… sólo negro, porque un día decidí jugar a la ruleta del amor y toda mi fortuna apostar al rojo de un corazón, pero fue negro lo que me salió, y ahora ese color ha acabado tiñendo todo mi yo. Supongo que afirmado esto podría decir que mi infortunio se lo debo al azar… y no a él ni a mí… También podría decir que escribo esto en tercera persona…

TODA ETIQUETA TIENE UN PRECIO diciembre 24, 2007

Posted by Mis[s] Enredados in (Re)flexiones y otras torsiones mentales.
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Los seres humanos sentimos la imperiosa necesidad de colgarle etiquetas a todo y a todos, cual productos de supermercado. Y así, en cuanto un nuevo ser llega a este bosque, llamado mundo también, y bien planta sus primeros pinitos, o bien (o mal) se golpea con sus primeras piñas, corremos pronto a ponerle la etiqueta que le corresponde. Los primeros (siempre los primeros) son, como un chino diría, futuros aspirantes a celebritos; los segundos (siempre detrás), por su capacidad intelectual deducimos que a lo más que pueden aspirar es a celebrities de tres al cuarto.

De los segundos ya desde pequeños poco se espera, pues se piensa que están destinados a fracasar. Con la palabra fracaso dibujada en la frente, difundiendo por ósmosis al cerebro (ojo, de la frente al cerebro, y no al revés), ya no queda espacio para la palabra esfuerzo, y finalmente se acaba cumpliendo la premonición, la temida caída, que más que premonición ha sido ya desde el comienzo una ejecución… Con el tiempo este fracaso deriva en frustración.

De los primeros ya desde pequeños mucho se espera, pues se piensa que están destinados a triunfar. En estos sí hay sitio para el esfuerzo, es más, el esfuerzo a menudo no deja sitio para nada más. Demasiadas expectativas, una pesada carga muy difícil de llevar, con lo que más tarde o más temprano sobreviene la temida caída… Con el tiempo este fracaso deriva en frustración.

Dos etiquetas para al final el mismo producto: fracaso y frustración. Claro está que entre estas dos etiquetas, entre el foso y el pedestal, hay muchos puntos intermedios, y justo en el medio es donde a mí me gustaría estar, a nivel del suelo y con los pies en la tierra, porque desde el foso los ascensos son muy difíciles, pero desde el pedestal las caídas aún lo son más.

TE COMPRO TU CARIÑO diciembre 15, 2007

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” Papá, los niños necesitamos calor, que nos arropen… ¿Me das dinero entonces para irme de tiendas? “

Al parecer algunos padres delegan en la ropa sus responsabilidades: arropar y dar calor. Si un jersey puede hacerlo, ¿no debería poder un padre?

(Por suerte, no es mi caso.)

QUE LA SUERTE OS ACOMPAÑE diciembre 9, 2007

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El amor verdadero es una lotería, y como tal, resultar agraciado con el premio gordo se convierte en una misión casi imposible. Pero si ya de por sí parece difícil dar con el boleto adecuado a lo largo de nuestro devenir amatorio, un más difícil todavía es dar a la primera con tal preciado bien. Ahí radica el mayúsculo problema. Cada vez que uno decide arriesgar, echarle un par y participar, deposita en este absurdo juego un pedacito de sí, unas ilusiones y expectativas que se evaporan junto a cada billete quemado. Y sí, también en el amor unos tenemos peor perder que otros; y así te encontrarás con los que preferimos retirar nuestros corazones del bombo y de tanto bamboleo por tiempo indefinido después de cada intento fallido, frente a los que eligen seguir probando suerte ininterrumpidamente. De cualquier forma, para ninguno vuelve a ser ya como la primera vez… Las esperanzas de conseguir un pasaporte a las estrellas se desvanecen a medida que los cupones no ganadores se suceden, hasta que llegas al punto sin retorno en que escoges quedarte fuera de juego permanentemente por temor a volver a perder. Me aterra alcanzar ese punto en que el miedo y el cinismo ocupen el lugar de mis sueños no dejando sitio para nada más, convirtiéndome en el mayor de mis temores, un ser incapaz de ilusionarse y de arriesgar, en definitiva, incapaz de amar y de ganar, porque sin ilusión no se ama, y sin correr riesgos no se gana.