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TODA ETIQUETA TIENE UN PRECIO Diciembre 24, 2007

Posted by Mis[s] Enredados in (Re)flexiones y otras torsiones mentales.
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Los seres humanos sentimos la imperiosa necesidad de colgarle etiquetas a todo y a todos, cual productos de supermercado. Y así, en cuanto un nuevo ser llega a este bosque, llamado mundo también, y bien planta sus primeros pinitos, o bien (o mal) se golpea con sus primeras piñas, corremos pronto a ponerle la etiqueta que le corresponde. Los primeros (siempre los primeros) son, como un chino diría, futuros aspirantes a celebritos; los segundos (siempre detrás), por su capacidad intelectual deducimos que a lo más que pueden aspirar es a celebrities de tres al cuarto.

De los segundos ya desde pequeños poco se espera, pues se piensa que están destinados a fracasar. Con la palabra fracaso dibujada en la frente, difundiendo por ósmosis al cerebro (ojo, de la frente al cerebro, y no al revés), ya no queda espacio para la palabra esfuerzo, y finalmente se acaba cumpliendo la premonición, la temida caída, que más que premonición ha sido ya desde el comienzo una ejecución… Con el tiempo este fracaso deriva en frustración.

De los primeros ya desde pequeños mucho se espera, pues se piensa que están destinados a triunfar. En estos sí hay sitio para el esfuerzo, es más, el esfuerzo a menudo no deja sitio para nada más. Demasiadas expectativas, una pesada carga muy difícil de llevar, con lo que más tarde o más temprano sobreviene la temida caída… Con el tiempo este fracaso deriva en frustración.

Dos etiquetas para al final el mismo producto: fracaso y frustración. Claro está que entre estas dos etiquetas, entre el foso y el pedestal, hay muchos puntos intermedios, y justo en el medio es donde a mí me gustaría estar, a nivel del suelo y con los pies en la tierra, porque desde el foso los ascensos son muy difíciles, pero desde el pedestal las caídas aún lo son más.